La Polla
Antitodo
Testua: Oscar Cubillo
Tras 24 años de agitación, Evaristo y sus secuaces se separan con su álbum número 17. ¡Dios salve a Gatillazo!
La polla
Tras el repentino fallecimiento de su batería, Roberto, los miembros de La Polla (perdón por la redundancia) sopesaron la posibilidad de disolver la patrulla de carpetopunk que ha agitado Sudamérica y España desde los años 80. Sin embargo, Evaristo y sus secuaces han aguantado hasta la salida de su decimoséptimo álbum, titulado El último de La Polla (edita Maldito Records), para decir adiós definitivamente. No en vano, escriben en la contraportada: «Fueron 24 años y más con Fernando y aquí se queda apuntao. Hasta aquí hemos llegao». Pues eso.
Pero que nadie se corte las venas ni la cresta. Hay vida detrás de La Polla, pues pronto funcionará Gatillazo (¿pillas el juego nominal bautismal?), combo con Evaristo más un par de los reciente pollos, un elemento de The Kagas/Kañería 13 y otro de Iskanbila/RIP. Y, bastante antes, oiremos a The Meas, la continuación de The Kagas, el hilarante contubernio camuflado de RIP y Evaristo.
Despidamos ahora a Los Pollos, que, escaldados, no acostumbraban a conceder entrevistas: «Actuamos así, primero, porque no nos gusta hacerlas, y, segundo, por el mamoneo de algunos medios de comunicación y por parte de algunos llamados periodistas». Bueno, nos enorgullecemos por haberles entrevistado alguna vez de buen rollo, y fusilamos varias citas de las webs El diario de Peter Punk y Karrachiko para rendirles homenaje.
En abril declaraban que no se iban a disolver: «Se murió el batería, nos lo pensamos a nuestra manera y decidimos seguir; no tenemos pensado aun cuándo acabar. No hay ninguna fecha de caducidad. Los motivos de La Polla para seguir o no seguir son una cosa muy interna nuestra. Si somos legales con nosotros mismos, es problema nuestro, ¿no?».
Parte de la afición les acusaba de perpetuarse en la farándula por el vil metal, cobrando un caché merecido a tenor del turbo que encendían en la turba que gozaba bajo el tablado con pogo brutal, katxis voladores, invasiones repetidas del escenario y escupitajos para Evaristo, demostración de cariño usual únicamente en Euskadi. Ah, los pollos también se lo pasaban de vicio arriba: «Nosotros salimos drogados a todos los ‘festis’. Este conjunto es como la NBA: te puedes drogar siempre que metas canastas».
No divaguemos y centrémonos en lo de la pasta: «Cuando empezó La Polla confesaba Evaristo no se esperaba lo que le iba a pasar. Con los dos primeros discos, que se supone que eran no sé qué, aparecieron algunos alrededor de la movida que vieron dinero porque venían muchos a verte, se compraban los discos y tal... Pues esa gente fue chupando de la piragua y, para cuando nosotros vimos de qué iba la vaina, llevábamos cinco años tocando.
Entonces aprendimos a cobrar y todo eso, claro. Voy siempre a cobrar lo máximo que pueda en cada sitio». Y concluía su soliloquio: «Hasta ahí es hasta donde vamos a por el dinero. Yo lo tengo muy claro: no me voy a jubilar de esto ni aunque estemos tocando noventa años».
El último de La Polla, el álbum, trae 18 himnos de punk coral, baturro y guitarrero, con proverbiales mensajes antisistema (invectivas contra el curro, la realeza, la clase política, el imperio USA, la religión, la policía...), también antiprogres («a mí me mosquea que los curas me prohíban lo mismo que la izquierda. Entonces no entiendo ya, tío», se confundía Evaristo), y sacados de la actualidad (que no falte la violencia de genero).
Vamos, que los pollos alaveses (más el refuerzo vizcaíno de la última época) no han traicionado su fórmula de siempre, la que definían como «rock acelerado con contenido de tipo crítica social». Y se excusaban: «No decimos nada nuevo, ya lo sabemos, simplemente recordamos a la gente cómo está el mundo, pero con un tono de alegría y buen humor».
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